martes, 29 de marzo de 2011

El rol del Reiki como herramienta de prevención en la salud



La población en general está tomando cada día más en cuenta las terapias holísticas, ya sea por su convicción en la efectividad de las mismas, por curiosidad y también como último recurso cuando todo lo otro parece no resultar.

Como cualquier otra terapia, el Reiki funciona mejor cuando la dolencia es incipiente, es decir, cuando recién comienza. Y no solamente me refiero a la salud física, sino también a la emocional, por ejemplo una depresión o adicción, problemas en los vínculos con la gente, etc.

Cuando ampliamos nuestra concepción del ser humano y nos ponemos a pensar detenidamente, el hecho de ver en una persona todos esos planos coexistiendo ya deja de sorprendernos para cobrar cada vez mayor sentido, y los problemas se abordan de forma interdisciplinaria. Por eso, a cada uno de ellos tenemos que asignarle la misma importancia en este complejo sistema que nos integra.

Por otro lado, cada uno de esos planos tiene sus tiempos, de modo tal que el Reiki puede acelerarlos, pero siempre dentro de límites razonables. En este marco, todas las mejorías que se producen bajo ningún concepto se enmarcan dentro la categoría de "milagros", sino de consecuencias lógicas de aumentar los volúmenes de energía de nuestro cuerpo.

Como analogía, pensemos que los seres humanos somos baterías, cada uno con su antigüedad y uso, y de esa combinación resulta un nivel determinado de energía almacenada. Con el tiempo, la capacidad de acumulación del "ki" (energía vital) disminuye y a eso debemos restarle lo que se invierte en resolver conflictos o enfermedades, lo que conlleva a consumir lo acumulado (pensemos en las enfermedades crónicas o en una pareja que discute todos los días por años).

A este aspecto de la economía de nuestras energías me refería con el título de este artículo. Dado que el cuerpo tiene sus plazos y nuestras energías se gastan, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos a la hora de atender esa necesidad de mantener los volúmenes de energía elevados, sin necesidad de que tengan que caer de forma tan alarmante como para que recién ahí nos demos cuenta.

Cuando recibimos Reiki (o nos autotratamos) nuestros centros de energía funcionan más plenamente, colaborando con las funciones físicas, mentales, emocionales, sociales, etc. A medida que encontramos nuestro equilibrio (al actuar acordemente con lo que nos dicta nuestra esencia) el rendimiento de nuestra energía es cada vez mayor y la vida en su conjunto tiende hacia la plenitud.

En un contexto de equilibro emocional, de mirar hacia adentro, de respetarnos y respetar al otro, de reconciliarnos con nuestro pasado, con nuestra familia y de aquietar nuestra mente, la salud física naturalmente se dirigirá en el mismo sentido. Por eso, en la medida que podamos debemos evitar que nuestro cuerpo nos demande atención a gritos; como nos enseña la sabiduría popular, siempre es mejor prevenir que curar.


Imagen: Denis Defreyne